
Caballeros del aplicación
Responsabilidad individual
Según se eleva la cultura de un pueblo, y al mismo tiempo su propia educación civil, social y humana; según crece el grado de dominio que cada cual adquiere sobre sus defectos, debilidades y tendencias negativas; según aprende el hombre a liberarse de ese tirano universal que es el temor y al mismo tiempo, se hace consciente de su propia responsabilidad humana y de los deberes de solidaridad que le unen hacia todos sus semejantes; y según se elevan y se ennoblecen sus propios deseos, ideales y aspiraciones, tendrá que cambiarse y elevarse, en esa misma medida, de una manera perfectamente natural, pero a su vez espontánea e igualmente inevitable, la forma de gobierno en sí y el carácter y cualidad de los hombres que lo constituyen.
La Ley fundamental de la vida cuya aplicación constituye el remedio omnipresente - y el único remedio efectivo y verdadero - para toda desarmonía en la vida de los hombres, de los pueblos y naciones, en las relaciones de las clases y de los individuos, es precisamente la Ley del Amor, entendida como querer, desear, y hacer para los demás aquello mismo que queremos y deseamos que se nos hagan. Considerar toda la humanidad como una verdadera fraternidad, en donde cada cual únicamente pueda encontrar su mayor bienestar, según busca con el mayor desinterés el Bien por y para los demás, según se esfuerza a ser útil a todos los que le rodean; comprender los deberes de solidaridad que nos unen a todos nuestros semejantes, haciendo el Bien por el Bien y empleando de la manera más constructiva y eficaz nuestros talentos individuales.
Toda vez que los hombres, individual y colectivamente, no aprendamos y no nos hagamos entera y plenamente conscientes de estos deberes, no podremos evitar sufrir como consecuencia todos los inconvenientes y condiciones insatisfactorias que resultan de esa deficiencia.
La Libertad únicamente puede pertenecernos cuando sepamos usarla sabia y satisfactoriamente; pero si con ella entendemos la ausencia de toda disciplina y del reconocimiento de toda ley moral, con eso mismo nos condenamos a perderla y cesamos de tenerla, es por esto que es responsabilidad de cada integrante de nuestra agrupación sepa tener en claro cuáles son sus verdadera motivaciones, siendo la primerísima proclamar y trabajar para el Bien común con desinterés, y así trabajar en conjunto para una mejora en la sociedad: una sociedad más justa y noble.


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